Conectarse también puede ser una forma de quedarse.
En el Gran Chaco, mujeres indígenas, campesinas y criollas participan de una experiencia de conectividad que empieza en antenas, equipos y centros comunitarios y llega hasta la producción, las lenguas, la organización y la preparación frente a emergencias climáticas. NANUM Mujeres Conectadas permite mirar Internet desde el territorio: quién decide dónde instalar una red, quién aprende a mantenerla, quién obtiene capacidad para utilizarla y qué cambia cuando una comunidad empieza a gestionar una parte de su propia infraestructura.
Fuentes principales: Fundación Gran Chaco, documentación del programa de inclusión digital NANUM; Fundación Gran Chaco y Fundación Alimentaris, Recomendaciones para la reducción de la brecha digital en el Gran Chaco (2025); NANUM, testimonios de comunidades guaraníes de Bolivia (2023); Fundación Gran Chaco, experiencia de conectividad comunitaria y energía solar en La Corzuela (2026); NANUM, propuesta de resiliencia climática y redes comunitarias (2026).
En junio de 2026, Fundación Gran Chaco anunció un nuevo centro NANUM en La Corzuela, provincia de Salta. La instalación reunía una antena de acceso a Internet y un sistema de energía solar con paneles, baterías, controlador de carga e inversor. El espacio estaba pensado para reuniones, formación y actividades comunitarias. La organización informó que la solución había sido diseñada junto con las familias, que quedarían a cargo de su gestión.
El inventario técnico cuenta una parte de la historia que la foto de la inauguración no muestra. Para sostener una conexión hacen falta electricidad, mantenimiento, repuestos, decisiones sobre el uso y personas capaces de reconocer un problema cuando aparece. Lo que ocurra después de varios meses de lluvia, de un corte prolongado o de la falla de una batería será otra etapa del mismo proyecto.
NANUM Mujeres Conectadas articula experiencias de acceso digital en comunidades del Gran Chaco de Argentina, Bolivia y Paraguay. Los centros se vinculan con organizaciones locales y con mujeres indígenas, campesinas y criollas que asumen tareas de gestión y formación. La propuesta reúne dispositivos, conectividad, alfabetización digital y actividades relacionadas con la producción, la comunicación y las necesidades del territorio.
En diciembre de 2023, la Fundación Gran Chaco informó 129 comunidades alcanzadas mediante 46 centros. Una publicación de junio de 2026 reportó 130 comunidades conectadas, junto con otros indicadores. Son cortes institucionales distintos y conviene tratarlos como tales. Los números permiten conocer la escala aproximada; la experiencia cotidiana de sostener una red exige otras preguntas.
En el Gran Chaco, un trámite puede depender de un viaje largo, del estado de los caminos y de que alguien consiga trasladarse. También intervienen las lenguas, el clima, el acceso a servicios y las organizaciones que ya existen. Internet llega a lugares donde las personas llevan mucho tiempo resolviendo problemas, organizando cuidados y construyendo formas de cooperación. La conexión se suma a esa historia; no la inaugura.
El Gran Chaco se extiende principalmente por Argentina, Bolivia y Paraguay, con áreas que llegan a Brasil. La región reúne bosques, humedales, llanuras y realidades culturales diversas. Hablar de sus comunidades como si compartieran una sola identidad borraría diferencias históricas importantes entre pueblos indígenas, poblaciones campesinas y comunidades criollas.
En distintas localidades rurales, los servicios quedan lejos. Acceder a una consulta, presentar un trámite o participar de una formación puede demandar tiempo y transporte que no siempre están disponibles. Internet permite resolver algunas gestiones a distancia y coordinar acciones entre lugares separados, siempre que el servicio funcione, resulte económicamente accesible y responda a necesidades reconocidas por quienes lo utilizan.
La Fundación Gran Chaco describe su programa mediante centros de acceso, equipamiento, capacitación y apropiación estratégica de tecnologías. La expresión sirve cuando se la acerca a situaciones concretas. Una comunidad puede necesitar comunicarse con un servicio de salud, comercializar artesanías, recibir información meteorológica o sostener una reunión remota. Elegir entre esos usos requiere conocimiento del territorio, recursos y tiempo para aprender.
Los dispositivos son variados: teléfonos, tabletas, notebooks y conexiones compartidas. La utilidad de cada uno depende de condiciones que un folleto general difícilmente pueda enumerar. Antes de hablar de innovación, me pregunto qué desplazamiento puede evitar una conexión, en qué lengua se explica una herramienta y qué ocurre cuando una tormenta interrumpe el suministro eléctrico. Me quedo con esas preguntas modestas, que suelen llevar al centro del problema.
Según Fundación Gran Chaco, numerosos Centros NANUM están liderados y gestionados por mujeres de las propias comunidades, formadas como tutoras. Su tarea implica acompañar el uso de tecnologías y trabajar con conocimientos territoriales que existían antes del programa.
Administrar un lugar de conectividad supone acuerdos diarios. Alguien organiza los horarios, resuelve consultas, cuida equipos y decide qué hacer cuando varias personas necesitan el mismo recurso. Saber quién dispone de las claves de administración o quién está capacitado para modificar una configuración puede parecer un detalle menor. En cualquier sistema informático, esas decisiones revelan dónde reside la capacidad efectiva de intervenir.
Una publicación institucional de 2023 describía cinco etapas para implementar centros: diagnóstico, accesibilidad, alfabetización digital, apropiación estratégica y sustentabilidad. La secuencia muestra una preocupación por el proceso posterior a la instalación. Su valor práctico dependerá de cómo pueda sostenerse en cada lugar.
Las tutoras aprenden, enseñan y ajustan sus explicaciones a las dificultades que encuentran. Ese conocimiento se acumula en la comunidad y puede transmitirse sin esperar siempre a una visita externa. En mi experiencia con herramientas digitales, el límite entre ser usuario y tener cierto control aparece cuando algo deja de funcionar; hasta entonces casi todo parece sencillo. El centro comunitario gana autonomía en la medida en que sus integrantes pueden comprender y modificar una parte relevante de lo que utilizan.
Hay que cuidar cómo se cuenta esa autonomía. Las mujeres que asumen responsabilidades digitales tenían saberes, oficios y organizaciones propios. NANUM incorpora nuevas herramientas a una capacidad social preexistente. Reconocerlo evita la ficción de que la comunidad empieza a organizarse el día que llega Internet. He aprendido a desconfiar de las soluciones que prometen autonomía sin explicar quién podrá reparar lo que se rompa.
En agosto de 2023, NANUM publicó testimonios de comunidades guaraníes del Chaco boliviano. En Chimeo, en Tarija, el centro de conectividad se vinculaba con turismo rural, producción agrícola y posibilidades de formación. Mariana Villa Gómez, capitana de la comunidad, destacaba la oportunidad de participar en capacitaciones sin viajar a otros lugares.
La publicación recogía también la perspectiva de Paulina Cuevas, capitana grande zonal de la Asamblea del Pueblo Guaraní en Villa Montes, sobre las posibilidades de fortalecer la economía de las mujeres guaraníes. Es importante escuchar esas voces con sus responsabilidades y objetivos concretos: hablan de proyectos comunitarios y productivos, de tiempos de desplazamiento y de cómo incorporar una herramienta a decisiones que ya estaban en marcha.
En Tahiguaty, otra comunidad mencionada, la conexión se utilizaba para dar a conocer iniciativas culturales y económicas, entre ellas el huerto comunal El Milagro, actividades gastronómicas y turismo comunitario. Un joven responsable del centro describía el uso de redes sociales y radio para comunicar lo que allí se hacía.
La oportunidad de mostrar una producción y encontrar interlocutores nuevos es real. Después aparecen dificultades conocidas: transporte, condiciones comerciales, acceso al capital, clima y capacidad de negociación. El contacto digital puede facilitar una venta sin resolver todo el circuito económico que debe sostenerla. Cuando leo la fórmula «empoderar a las mujeres rurales», busco nombres, lugares y decisiones concretas; sin eso, la frase se me deshace.
La experiencia de La Corzuela, publicada el 24 de junio de 2026, ofrece detalles que conviene conservar. Fundación Gran Chaco y la cooperativa Inciso F, en articulación con el Plan de Conectividad de Salta, instalaron acceso a Internet y un sistema solar con paneles, baterías, controlador e inversor. La organización indicó que las familias quedaron a cargo de la gestión del servicio.
La energía es una condición elemental de la conectividad y, en territorios expuestos a eventos climáticos extremos, puede convertirse en una de las más difíciles de garantizar. Hacen falta equipos protegidos, repuestos, criterios de uso y personas preparadas para diagnosticar fallas. Las baterías ayudan a atravesar cortes; después alguien tiene que cuidar, controlar y eventualmente reemplazar esos componentes.
En la misma intervención se realizaron diagnósticos y talleres en Los Baldes y Los Blancos, también en Salta. Los temas incluyeron ciudadanía digital, uso responsable de Internet y modelos de gestión comunitaria. Esa formación acompaña la dimensión material de las instalaciones.
La documentación de NANUM para su etapa de resiliencia climática de 2026 plantea fortalecer redes existentes, sumar nuevos puntos, incorporar almacenamiento de energía solar, explorar conexiones redundantes y formar equipos locales de mantenimiento. También propone alertas tempranas y preparación ante emergencias. Conviene conservar una distinción: el caso de La Corzuela aparece documentado como intervención realizada; varias medidas de resiliencia corresponden a objetivos declarados para futuras acciones. Pienso en la próxima batería y en quién habrá aprendido a cambiarla.
La Fundación Gran Chaco presenta su trabajo desde un enfoque intercultural, de género y bilingüe. Es una orientación relevante para una región con numerosas lenguas y formas de organización. La disponibilidad de un dispositivo dice poco acerca de su accesibilidad si las instrucciones y las capacitaciones presuponen un vocabulario que las personas no comparten.
Aprender a usar una herramienta implica encontrar palabras para explicar qué es un archivo, cómo proteger una clave o cómo reconocer una estafa. Esas palabras adquieren significado en prácticas compartidas; una tutora puede adaptar la enseñanza a los conocimientos y necesidades de las personas con las que trabaja.
La conexión facilita registrar memorias, comunicar actividades y producir contenidos propios. Al publicarlos, las organizaciones también entran en plataformas comerciales que deciden visibilidad y circulación mediante reglas cambiantes. Un material cultural puede llegar a públicos nuevos y quedar expuesto a usos o interpretaciones que su comunidad nunca autorizó.
Hay conocimientos cuya difusión requiere decisiones colectivas, y otros que sus portadores prefieren reservar. La presencia digital de un pueblo indígena debe poder responder a sus propias formas de autoridad, memoria y transmisión. Internet nos acostumbró a considerar que toda información valiosa debería estar disponible. Parte del valor de una tecnología comunitaria puede consistir en permitir conversaciones que permanezcan dentro de la propia comunidad. Me importa que esa posibilidad de reserva también sea parte de la autonomía.
Los testimonios de Chimeo y Tahiguaty muestran objetivos vinculados con formación, cultura y economía. Escucharlos ayuda a comprender para qué sirve una conexión sin convertir a quienes la utilizan en figuras destinadas a exhibir el éxito de un programa. Prefiero escucharlos así, con sus objetivos y sus tiempos, no como una vidriera.
El Gran Chaco enfrenta sequías, alteraciones de los regímenes de lluvia, degradación ambiental y dificultades de acceso a servicios. Esas presiones afectan actividades productivas, desplazamientos y vida cotidiana. Una comunicación oportuna puede ser importante cuando se necesita coordinar una respuesta.
NANUM incorporó la adaptación climática entre sus líneas de acción. Sus documentos de 2026 proponen redes más resistentes, preparación comunitaria y posibles mecanismos de alerta temprana. Para que una alerta resulte útil, alguien debe recibirla, entenderla y disponer de formas de actuar. Eso requiere protocolos, responsabilidades y alternativas cuando la conexión o la energía se interrumpen.
La información procedente de sensores, pronósticos y plataformas digitales puede complementarse con conocimientos locales sobre cursos de agua, caminos, lluvias y actividades rurales. Las comunidades poseen experiencia sobre el territorio y pueden participar en la elección de indicadores y procedimientos. La infraestructura gana utilidad cuando sus datos entran en diálogo con ese saber.
El informe de 2025 de Fundación Gran Chaco y Fundación Alimentaris, difundido a través del repositorio de FAO, sitúa la reducción de la brecha digital junto con derechos, desarrollo productivo y adaptación climática. También señala antecedentes regionales previos a la etapa específica de NANUM Mujeres Conectadas iniciada en 2020. Me resulta significativo que una alerta termine dependiendo de un camino transitable y de alguien dispuesto a ayudar a una familia durante una emergencia. La información puede llegar con rapidez y seguir necesitando manos e instituciones para convertirse en respuesta. Sigo pensando en esa distancia entre la alerta y la respuesta.
NANUM se construyó mediante alianzas. La documentación de 2023 menciona a BID Lab, Fundación Avina, Fundación Gran Chaco en Argentina, Fundación Nativa en Bolivia y organizaciones como Grupo Sunú y Sombra de Árbol en Paraguay. Otras intervenciones incorporaron cooperativas técnicas, organismos públicos y apoyos diferentes.
Estas relaciones permiten reunir equipamiento, financiación y conocimiento especializado. También abren preguntas acerca de prioridades, plazos e independencia. Una comunidad puede administrar un centro y continuar obligada a pagar servicios cuya tarifa se define lejos de su territorio. Un financiador puede aportar recursos indispensables y establecer indicadores que condicionan cómo se describe el éxito.
En junio de 2026, Fundación Gran Chaco comunicó 130 comunidades previamente aisladas conectadas, 700 mujeres con conectividad domiciliaria, 46 empresas de mujeres conformadas y registradas y 2.000 personas que implementaban soluciones de adaptación. Son datos institucionales sobre la escala y las líneas del programa. Para conocer sus resultados a largo plazo habría que examinar continuidad del servicio, costos, usos efectivos, formación y capacidad de las organizaciones para decidir.
Me interesa que una iniciativa como ésta pueda soportar una evaluación exigente, incluida la de sus propias contradicciones. Quienes conocen proyectos digitales saben que una instalación puede exhibirse fácilmente mientras su continuidad requiere trabajo menos vistoso. Las planillas ayudan a contar centros, conexiones y emprendimientos; el poder real para negociar con un operador o discutir el destino de un espacio no cabe entero en una cifra.
La sustentabilidad incluye la posibilidad de corregir decisiones y cambiar acuerdos cuando cambian las necesidades. Un centro vivo tendrá usos imprevistos, gastos y desacuerdos. Me importa saber quién puede intervenir en esas situaciones tanto como conocer el número de antenas instaladas.
NANUM se presenta en sus materiales institucionales como una experiencia de inclusión digital, autonomía económica, liderazgo femenino y resiliencia climática. Hay intervenciones y testimonios que permiten estudiar esos objetivos. La cuestión más difícil aparece al tratar de establecer cuánto poder efectivo tienen las comunidades sobre las decisiones que organizan el servicio.
Las tutoras y las organizaciones de base pueden gestionar centros, enseñar y establecer prioridades locales. La conexión continúa dependiendo de proveedores, repuestos, tarifas y plataformas externas. Las fundaciones, los financiadores y las administraciones públicas ocupan lugares distintos dentro de esa red de decisiones, con recursos e intereses que conviene conocer.
También importa la forma de contar el proyecto. Los informes de impacto suelen condensar historias complejas en fotografías y resultados agregados. Los testimonios de participantes y autoridades aportan otra clase de información. Una evaluación más completa necesitaría escuchar experiencias diferentes y, cuando los hubiera, desacuerdos sobre la marcha del programa.
El nombre NANUM reúne comunidades con lenguas, gobiernos locales y relaciones territoriales diversas. El liderazgo de mujeres indígenas, campesinas y criollas merece atención sin convertirlas en una figura uniforme. Cada lugar puede tener una interpretación diferente de qué significa apropiarse de una herramienta y qué conocimientos deben circular.
Finalmente está la promesa sugerida por el título de este ensayo. Conectarse puede ampliar posibilidades de permanencia mediante trabajo, formación y organización; también puede fortalecer relaciones con mercados y lugares lejanos o cambiar proyectos de movilidad. No corresponde asignar a Internet la decisión de quedarse o partir. Me interesa la posibilidad de que una conexión aumente el margen de elección de las personas, y quisiera poder reconocer ese margen en la gestión concreta del servicio. Quisiera que esa discusión sobre el poder efectivo formara parte de cualquier balance del programa.
En La Corzuela, una antena depende de paneles, baterías y acuerdos de mantenimiento. En Chimeo, la conectividad se enlaza con turismo rural y formación; en Tahiguaty, con producción y comunicación de actividades culturales. Los centros NANUM participan de procesos que empezaron mucho antes de la llegada de sus equipos.
Si la conexión funciona y se sostiene, puede reducir distancias, ampliar oportunidades de aprendizaje y facilitar tareas de organización. Quedan cuestiones abiertas sobre costos, privacidad, idiomas, proveedores y continuidad después de cada etapa de financiación. Sobre todo, queda la pregunta por la autoridad de las comunidades para decidir qué objetivos merece perseguir la red.
Me gusta que esta experiencia obligue a mirar la infraestructura de cerca. Su futuro dependerá de conocimientos técnicos y de formas de cooperación, de decisiones presupuestarias y de la capacidad de quienes viven allí para corregir lo que no funcione.
Conectarse también puede ser una forma de quedarse.
Ese puede es decisivo. Una conexión participa de vidas ya organizadas alrededor de trabajos, afectos, obligaciones y proyectos distintos. Me interesa lo que permita elegir, incluido el derecho de cada persona a decidir dónde quiere continuar su historia. Vuelvo a La Corzuela y pienso en la antena, en las baterías y en la reunión donde alguien decidirá si el centro abre mañana.
MATERIALES DE REACCIÓN
TERRITORIO · GRAN CHACO · MUJERES RURALES · PUEBLOS INDÍGENAS · CONECTIVIDAD · AUTONOMÍA · ORGANIZACIÓN COMUNITARIA · INTERCULTURALIDAD · LENGUAS · APROPIACIÓN TECNOLÓGICA · ENERGÍA SOLAR · MANTENIMIENTO · ECONOMÍA LOCAL · ADAPTACIÓN CLIMÁTICA · PERMANENCIA ---
FUENTES PRINCIPALES
- Fundación Gran Chaco. «Inclusión Digital / Nanum». Presentación del programa, objetivos, métodos y gestión de centros.
- Fundación Gran Chaco. «129 comunidades del Gran Chaco ya cuentan con Internet gracias a Nanum». 1 de diciembre de 2023.
- Fundación Gran Chaco / Fundación Alimentaris. Recomendaciones para la reducción de la brecha digital en el Gran Chaco: resultados, aprendizajes y desafíos de la iniciativa Nanum Mujeres Conectadas. 2025. PDF.
- NANUM. «La conectividad: herramienta liderada por los pueblos indígenas del Gran Chaco Americano». 18 de agosto de 2023. Testimonios de Paulina Cuevas, Mariana Villa Gómez y referentes comunitarios de Chimeo y Tahiguaty.
- Fundación Gran Chaco. «Nuevo NANUM en Salta: conectividad en La Corzuela». 24 de junio de 2026.
- NANUM. «Nanum Mujeres Conectadas: construyendo territorios digitales y resiliencia climática en el Chaco». 2026. Documento de objetivos y líneas de acción propuestas.
- Fundación Gran Chaco. «COMAR». Actividades de conectividad, formación local y organización productiva de mujeres.
- Fundación Gran Chaco. «Apropiación estratégica de las TIC en contextos interculturales». Guía de formación y material de producción institucional, catálogo de publicaciones.
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