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No existe una única manera de ser tecnológicos

La tecnología suele contarse como una sola historia que empezó en ciertos lugares y terminará alcanzando a todos. Yuk Hui propone otra pregunta: ¿y si distintas culturas pudieran relacionar técnica, mundo y formas de vida de maneras diferentes?

Fuentes principales: Yuk Hui, The Question Concerning Technology in China (2016), Recursivity and Contingency (2019), Art and Cosmotechnics (2021), Post-Europe y Machine and Sovereignty (2024); entrevistas y materiales recientes sobre tecnodiversidad, cosmotécnica y pensamiento planetario.

Yuk Hui

«Hay una multiplicidad de tecnologías que no pueden reducirse a la misma categoría.»

— Yuk Hui, entrevista con Universidad de Chile sobre tecnodiversidad y cosmotécnica, 2025.

Hay una manera bastante cómoda de contar la historia de la tecnología.

Una serie de descubrimientos aparece primero en ciertos centros, se perfecciona, se abarata y finalmente se expande hacia el resto del planeta. Algunas sociedades llegan antes. Otras llegan después. El recorrido puede tener conflictos, pero la dirección parece una sola.

Yuk Hui discute precisamente esa dirección.

Formado originalmente en ingeniería informática y convertido después en filósofo de la tecnología, Hui trabaja sobre una pregunta que incomoda tanto al optimismo tecnológico como a una crítica puramente defensiva: ¿la tecnología moderna es la única forma posible de relación técnica con el mundo?

Su respuesta no consiste en regresar a un pasado anterior a las máquinas.

Consiste en recuperar la posibilidad de construir futuros tecnológicos diferentes.

Para pensar esa pluralidad propuso dos conceptos que atraviesan buena parte de su obra: cosmotécnica y tecnodiversidad.

TAMBIÉN TIENE FILOSOFÍA

Una herramienta puede parecer independiente de cualquier visión del mundo.

Funciona o no funciona. Corta, calcula, transmite, reconoce. Desde esa perspectiva, la técnica sería una capacidad humana universal que adopta instrumentos distintos según el grado de desarrollo disponible.

Hui discute esa neutralidad histórica.

En The Question Concerning Technology in China parte de una dificultad: muchas filosofías de la técnica construidas en Europa fueron tratadas después como descripciones universales de la relación entre humanidad y tecnología. Incluso críticas muy profundas de la modernidad podían conservar la idea de una única genealogía de lo técnico.

Hui pregunta qué ocurre si otras tradiciones articularon de modo diferente conocimiento, moralidad, naturaleza y práctica técnica.

La diferencia no convierte cada objeto en una expresión cultural cerrada.

Obliga a reconocer que fabricar también implica ordenar relaciones entre personas, mundo y sentido.

Hui utiliza cosmotécnica para describir la unificación de un orden moral y un orden cósmico mediante actividades técnicas.

El concepto suena lejano cuando se lo lee desde el presente digital, pero apunta a una pregunta muy concreta: ¿qué idea del mundo hace razonable una determinada técnica?

Una sociedad puede entender naturaleza, comunidad, autoridad y conocimiento de formas diferentes. Esas diferencias influyen en qué se construye, cómo se utiliza y qué límites parecen aceptables.

En su análisis de China, Hui estudia relaciones entre Dao y Qi, pensamiento técnico, modernización y occidentalización. No propone reconstruir intacta una técnica antigua ni afirmar que cada cultura posea una esencia tecnológica eterna.

El movimiento es otro.

Si hubo múltiples formas históricas de articular técnica y cosmos, entonces la tecnología global actual tampoco tiene por qué ser el último formato imaginable.

La historia deja de funcionar como una autopista de un solo carril.

De allí surge la idea de tecnodiversidad.

Hui la relaciona con biodiversidad y, más recientemente, con noodiversidad: diversidad de formas de pensamiento. Las tres dimensiones deberían coexistir porque una civilización planetaria sostenida sobre una única lógica técnica corre el riesgo de empobrecer al mismo tiempo entornos, conocimientos y maneras de organizar la vida.

La comparación con biodiversidad es deliberada.

Un monocultivo puede ser extremadamente eficiente bajo ciertas condiciones y, a la vez, aumentar fragilidad. Hui observa una dificultad semejante cuando infraestructuras, plataformas, arquitecturas computacionales y criterios de innovación se expanden globalmente como si constituyeran la forma natural de la tecnología.

La tecnodiversidad no exige renunciar a computadoras, redes o inteligencia artificial.

Exige preguntarse cómo apropiarlas, transformarlas y combinarlas con otras epistemologías sin asumir que su trayectoria actual es inevitable.

 

UNA INVITACIÓN A VOLVER ATRÁS

Toda crítica a una modernidad tecnológica única enfrenta un riesgo inmediato: convertir el pasado en refugio.

Hui intenta evitarlo explícitamente.

Su propuesta no consiste en restaurar una China preindustrial ni en imaginar culturas puras protegidas de influencias externas. Tampoco en asignar a cada territorio una tecnología auténtica que debería conservarse sin mezcla.

La modernización ya ocurrió. Las infraestructuras globales existen. Los teléfonos, satélites, redes, modelos de IA y cadenas industriales forman parte del presente.

La pregunta se dirige hacia adelante: ¿podemos reapropiarnos de esas tecnologías y producir nuevas direcciones a partir de historias, conocimientos y necesidades diferentes?

Esto separa tecnodiversidad de nostalgia.

No busca un afuera intacto de la modernidad.

Busca multiplicar los futuros que todavía pueden construirse dentro y después de ella.

TAMBIÉN HEREDA UNA DIRECCIÓN

La discusión adquiere otro peso con inteligencia artificial.

Los modelos actuales no aparecen en un vacío filosófico. Dependieron de una determinada historia de cómputo, grandes centros de datos, disponibilidad de capital, extracción de información, plataformas globales y objetivos de optimización.

Cuando esa infraestructura se vuelve dominante, también puede presentar sus propias categorías como si fueran simplemente inteligencia.

En entrevistas recientes, Hui ha advertido sobre la reducción de fenómenos a cálculo y sobre la concentración material de la IA en centros de datos y empresas capaces de explotar información a gran escala.

Desde la perspectiva de la tecnodiversidad, la pregunta no termina en quién posee el modelo.

También alcanza a qué concepción de conocimiento, mundo y relación social queda incorporada en la forma misma de construirlo.

Dos países pueden tener empresas nacionales de IA y continuar recorriendo exactamente la misma trayectoria tecnológica.

La soberanía de propietario no garantiza diversidad de pensamiento.

COMO LABORATORIO

En Art and Cosmotechnics, Hui lleva esta discusión hacia un territorio que suele quedar separado de la ingeniería.

El arte puede servir para explorar modos de percepción y relación que una racionalidad puramente instrumental no registra con facilidad. Su lectura de la pintura shanshui —montaña y agua— no la convierte en decoración cultural alrededor de una teoría tecnológica. La utiliza para preguntar qué experiencias del espacio, la naturaleza y la relación entre figura y mundo pueden ayudarnos a pensar otras formas técnicas.

Eso vuelve al arte una práctica epistemológica.

No ilustra una conclusión elaborada en otro lugar.

Puede producir maneras de conocer.

Para La Intemperie, este desplazamiento resulta especialmente fértil: una tecnología no se transforma únicamente con mejores especificaciones. A veces hace falta modificar la sensibilidad que decide qué merece ser construido.

SIN CONSTRUIR UN CENTRO PLANETARIO

En Machine and Sovereignty, Hui amplía el problema hacia la política.

Las crisis ecológicas, la inteligencia artificial y los conflictos geopolíticos tienen escala planetaria. La respuesta más inmediata sería imaginar instituciones cada vez mayores capaces de administrarlas desde arriba.

Hui desconfía de esa solución cuando simplemente prolonga la misma lógica de centralización que produjo parte del problema.

Su “pensamiento planetario” intenta combinar coexistencia con diversidad. No propone una suma de pequeños mundos aislados, sino formas de relación capaces de mantener diferencias sin reducirlas a un único criterio técnico o político.

Ahí aparecen juntas biodiversidad, noodiversidad y tecnodiversidad.

El desafío es enorme: coordinar sin homogeneizar.

Y todavía está lejos de tener una arquitectura institucional evidente.

La fuerza conceptual de Hui también es su dificultad.

Cosmotécnica y tecnodiversidad permiten cuestionar una historia demasiado lineal de la tecnología, pero traducir esos conceptos a diseños, infraestructuras y políticas concretas no resulta sencillo. ¿Dónde termina una adaptación superficial y empieza una trayectoria tecnológica realmente diferente? ¿Quién decide qué tradición cultural debe informar un sistema? ¿Cómo se evita que gobiernos o empresas utilicen el lenguaje de soberanía para justificar nuevas concentraciones de poder?

Existe además el riesgo de romantizar diferencias culturales o congelarlas en identidades estables. Hui ha insistido en que la tecnodiversidad no debe convertirse en esencialismo ni nostalgia, pero el problema permanece abierto cada vez que el concepto sale de la filosofía y entra en la política tecnológica.

La pluralidad también puede fragmentar estándares que permiten cooperación global.

El desafío no consiste en elegir entre universalidad y aislamiento.

Consiste en descubrir qué formas de universalidad pueden existir sin exigir que todos lleguen por el mismo camino.

Yuk Hui sirve como precursor porque discute una convicción anterior a casi todas nuestras disputas actuales sobre inteligencia artificial: que existe una única trayectoria tecnológica y que la cuestión política consiste principalmente en decidir quién llega primero, quién la regula y quién obtiene sus beneficios.

Su trabajo mueve la pregunta.

Quizá también podamos discutir la trayectoria.

Eso no significa que cada comunidad deba inventar su propio procesador, su propia red y su propia física. Significa que adoptar una tecnología no obliga a aceptar intactas todas las relaciones, valores y formas de conocimiento que acompañaron su desarrollo histórico.

La diferencia puede entrar en el diseño.

Puede entrar en los datos, en la propiedad, en el objetivo, en la escala, en la relación con el entorno y en aquello que una sociedad decide no automatizar.

La tecnología no es un tren que atraviesa el planeta y deja países adelantados o atrasados según la estación en la que subieron.

Todavía podemos discutir hacia dónde van las vías.

 

MATERIALES DE REACCIÓN

TECNODIVERSIDAD · COSMOTÉCNICA · TECNOLOGÍA · COSMOS · SOBERANÍA · NOODIVERSIDAD · BIODIVERSIDAD · MODERNIDAD · ARTE · INTELIGENCIA ARTIFICIAL · PLANETA · PLURALIDAD

FUENTE PRINCIPAL

Hui, Yuk. The Question Concerning Technology in China: An Essay in Cosmotechnics. Urbanomic, 2016.

Hui, Yuk. Recursivity and Contingency. Rowman & Littlefield, 2019.

Hui, Yuk. Art and Cosmotechnics. University of Minnesota Press, 2021.

Hui, Yuk. Post-Europe. Urbanomic / Sequence Press, 2024.

Hui, Yuk. Machine and Sovereignty: For a Planetary Thinking. University of Minnesota Press, 2024.

Dunker, Anders. “On Technodiversity: A Conversation with Yuk Hui”. Research Network for Philosophy and

Caja Negra. “No vamos a conseguir un mundo más justo recabando más datos”. Entrevista a Yuk Hui, 2024.

Universidad de Chile. Entrevista a Yuk Hui sobre tecnodiversidad y cosmotécnica, 2025.


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