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Imagen: Diseño digital: La Intemperie

03 OCT 2026

ESTÉTICA DEL PODER / LENGUAJE INSTITUCIONAL - Buenos Aires, Argentina

La fragilidad también puede vestirse de monumento.

El Decreto 56/2026 ordenó que la documentación oficial de la Administración Pública Nacional y sus entes autárquicos lleve la leyenda “Año de la Grandeza Argentina”. Ana Arzoumanian lee esa inscripción como un dispositivo estético: una palabra monumental sostenida por la rutina burocrática en un tiempo de fragilidad.

LO QUE OCURRIÓ

El Decreto 56/2026, firmado el 28 de enero y publicado al día siguiente, declaró 2026 como “Año de la Grandeza Argentina”. Su artículo 2 dispuso que la leyenda aparezca en toda la documentación oficial de la Administración Pública Nacional y de sus entes autárquicos. En su artículo del 3 de octubre, Ana Arzoumanian toma esa inscripción como punto de partida para pensar cómo la burocracia puede sostener una voz monumental. La autora recurre a André Chastel y a su estudio del Sacco di Roma de 1527, el saqueo de la ciudad por tropas imperiales de Carlos V. A partir de esa fractura, reconstruye un pasaje cultural: la catástrofe se vuelve relato, propaganda y memoria; el manierismo registra la herida y el barroco magnifica el colapso. Arzoumanian traslada luego esa hipótesis a la política contemporánea, donde el exceso de imágenes, discursos, enemigos, gestos y teatralidad puede ocupar el campo perceptivo y producir una representación de grandeza.

DESDE LA INTEMPERIE

La catástrofe no termina cuando cae el edificio, se seca el río o colapsa una red. Después empieza la disputa por el nombre que tendrá lo ocurrido.

Alguien cuenta los daños. Alguien ordena el expediente. Alguien decide si aquello será recordado como advertencia, sacrificio, accidente o comienzo de una restauración.

El lenguaje administrativo no siempre apaga la épica. A veces la imprime en el membrete, la repite en cada resolución y convierte una palabra de escala monumental en rutina documental.

Esa repetición no vuelve verdadera una grandeza, pero modifica el campo de lo visible. Coloca una promesa sobre cada trámite y propone una medida para leer el presente.

El barroco aparece entonces menos como ornamento que como trabajo sobre una fractura: cuerpos, imágenes y voces buscan organizar un mundo cuya estabilidad ya no puede darse por sentada.

Después del desastre queda la memoria. También queda la lucha por su forma. Preguntar quién nombra la ruina es preguntar quién podrá convertirla en prólogo y quién quedará fuera de la versión oficial.

POR QUÉ NOS IMPORTA

El poder no sólo administra recursos, territorios y poblaciones: también construye lenguaje, imagen y escala. Una fórmula incorporada a millones de documentos puede funcionar como soporte cotidiano de una épica, incluso dentro de una maquinaria burocrática que suele presentarse como neutral.

La lectura importa además porque toda catástrofe abre una disputa posterior. Cuando el daño se transforma en relato, propaganda, memoria o forma estética, se decide qué causas serán visibles, qué promesas organizarán el después y qué experiencias quedarán sin representación. Controlar el sentido de la reconstrucción es también disputar la memoria del desastre.

FUENTES DE CONTRASTE

Título original: Barroco y catástrofe
Fuente: Perfil – Publicado el 03-10-2026