La inteligencia artificial suele describirse con palabras que parecen no pesar: nube, modelo, inferencia, cómputo.
Pero cada operación ocurre en algún lugar. Necesita servidores, refrigeración, electricidad, agua, suelo, caminos, subestaciones y redes capaces de sostenerla.
Lo virtual también ocupa territorio.
La nube tiene sed reúne seis documentos que observan esa infraestructura desde puntos distintos: un contrato hídrico, una investigación sobre eficiencia, una cola eléctrica, una discusión legislativa, una evaluación ambiental y una consulta sobre derechos humanos.
No son seis pruebas de una misma acusación.
Son seis lugares donde la misma materialidad empieza a hacerse más visible y difícil de ignorar.