

Imagen: Jair F. Coll
14 AGO 2026
Las familias de los fallecidos por el terremoto sufren el colapso de las morgues:
“Aquí hasta pa’ morirse hay que tener plata”
Tras el terremoto del 10 de agosto, el colapso de la morgue de Cali obligó a trasladar cuerpos a Palmira.
LO QUE OCURRIÓ
La sede forense de ese municipio tenía capacidad simultánea para 20 cadáveres, pero el miércoles alojaba al menos 120; recibió dos camiones refrigerados que ampliaron temporalmente su capacidad. El director nacional de Medicina Legal informó a EL PAÍS que el instituto había recibido 250 cuerpos vinculados con el sismo y entregado 191. En Palmira quedaban 62 pendientes de entrega. Familias entrevistadas denunciaron esperas de hasta cuatro días, falta de información y entregas que, según ellas, no respetaban el orden de llegada. El funcionario reconoció fallas operativas, explicó que algunas demoras obedecían al estado de los cuerpos o a la identificación con la Registraduría y negó que contactos o influencias alteraran el protocolo. Esa acusación continúa siendo una controversia, no un hecho comprobado.
DESDE LA INTEMPERIE
Después del rescate empieza otra administración: identificar, registrar, conservar y entregar. Son verbos técnicos, pero cada uno determina cuándo una familia puede despedir a una persona y comenzar un duelo. En Palmira, la capacidad física de la morgue quedó muy por debajo de la cantidad de cuerpos recibidos. La refrigeración llegó en camiones; la información, en listas incompletas y filas repetidas. La desigualdad aparece también como percepción documentada: algunas familias creen que los contactos acortan la espera; la autoridad lo niega y atribuye las demoras a diferencias forenses y cruces de identidad. No corresponde convertir esa denuncia en certeza. Sí corresponde observar qué produce un protocolo que nadie afuera logra comprender. Cuando el procedimiento pierde transparencia, el orden administrativo deja de proteger y empieza a parecer arbitrario. La catástrofe no termina cuando cesa el movimiento del suelo: continúa en la capacidad pública de devolver cada cuerpo con nombre, cuidado y explicación.
POR QUÉ NOS IMPORTA
La señal toca cuerpo, identidad, memoria, clasificación e infraestructura pública. Su afinidad está en una frontera central de La Intemperie: la diferencia entre que una persona sea reconocida y que su cuerpo quede retenido por un sistema desbordado, aun cuando la identificación y la entrega deberían restituir nombre y vínculo.
Fuente: EL PAÍS América Colombia – Publicado el 14-08-2026









