Hace más de treinta años, Alejandro Dolina dijo una frase que ha seguido circulando porque consigue encerrar un comportamiento bastante complejo en siete palabras:
La gente no quiere leer, quiere haber leído.
La reflexión fue emitida en 1994. Dolina hablaba de Los miserables, de la ansiedad de quien mira las páginas que todavía le faltan y de ese deseo de llegar cuanto antes al momento en que podrá decir que terminó el libro. No defendía solamente la lectura como acumulación de conocimientos. Le interesaba lo que ocurría durante ella: el desvelo, el esfuerzo por comprender, la discusión silenciosa con aquello que otro escribió.
Treinta años después volvió a utilizar una imagen parecida, esta vez para hablar de inteligencia artificial. La comparó con «la respuesta de un alumno inteligente que no ha estudiado»: alguien capaz de observar lo que dijeron quienes sí estudiaron y construir a partir de ello una respuesta convincente.
Entre ambas frases pasó casi toda la revolución digital.
Y, sin embargo, me parece que están hablando de lo mismo.
No de los libros.
No de la inteligencia artificial.
Del tránsito.