Ayer —29/09/26— ocurrió algo pequeño.
Los agentes bajaron un piso.
Durante los últimos años aprendimos a hablar de sistemas agénticos como algo que sucedía principalmente en otra parte: laboratorios, grandes empresas, equipos de programación, instituciones capaces de delegar procesos complejos a sistemas de inteligencia artificial.
Ahora empiezan a llamar a la puerta de casa.
Un agente personal ya no promete solamente responder una pregunta, generar una imagen o redactar un texto. Puede recibir un objetivo, utilizar herramientas, recorrer aplicaciones, esperar, verificar, volver a intentar y ejecutar acciones mientras nosotros hacemos otra cosa.
O mientras dormimos.
Tal vez funcionen extraordinariamente bien.
Tal vez dentro de algunos años recordemos parte del entusiasmo actual con la misma mezcla de pudor y ternura con que miramos tantas otras promesas tecnológicas.
Tal vez estemos ante una burbuja.
Pero ésa podría ser la pregunta equivocada.