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Imagen: Vico Méndez/Mongabay Latam

17 SEPT 2026

MINERÍA / AGUA - Arazaire, Madre de Dios, Perú

El agua que el satélite cuenta y nadie bebe

Un análisis satelital de 84 microcuencas del Madre de Dios muestra que el agua artificial se multiplicó casi por doce entre 2000 y 2023, concentrada donde hay minería. En Arazaire, comunidad harakmbut, Fenamad confirma que dos tercios de las 38 comunidades que agrupa compran el agua que ya no pueden tomar del río.

LO QUE OCURRIÓ

Mongabay Latam publicó el 17 de septiembre una investigación de campo y satelital sobre la cuenca del Madre de Dios, parte de Aguas Partidas, coordinada por el CLIP con MapBiomas y el Instituto Serrapilheira. En 84 de 155 microcuencas, el agua artificial pasó de 1.224 a 14.418 hectáreas entre 2000 y 2023: se multiplicó casi por doce. El 99,7 % de esa agua nueva está en 45 microcuencas con minería registrada; en las 39 sin minería apenas hay 38 hectáreas. Tres tramos —Colorado, Malinowski e Inambari— concentran el 81 %. En Arazaire, comunidad harakmbut titulada a orillas del Inambari, Amazon Mining Watch estimó 688 hectáreas minadas dentro del territorio hasta mediados de 2026, el 85 % fuera de concesión. El Estado peruano otorgó 11 concesiones activas superpuestas; 153 concesiones afectan a ocho comunidades sobre 12.768 hectáreas, según un trabajo previo de Mongabay de marzo de 2026. Fenamad, que agrupa 38 comunidades, confirmó que dos tercios pagan por agua. Un tanque de 1.100 litros cuesta unos 70 soles semanales. Un estudio de 2020 en Science Advances ya había mostrado que esas pozas aceleran la conversión de mercurio a metilmercurio. La minería ilegal aguas arriba y el desvío del cauce son relatados por comuneros; el satélite documenta erosión y pozas, no la toxicidad del bidón.

DESDE LA INTEMPERIE

Hay un truco óptico en el mapa. El agua aumenta y, al mismo tiempo, se vuelve inhabitable. El satélite registra espejos nuevos donde antes había bosque, chacra o laguna ceremonial; en el terreno, esas manchas son pozas de lodo. Arazaire vive esa paradoja: el Inambari sigue ahí, más cerca incluso, porque la erosión comió orilla, pero ya no se bebe, no se pesca, no se cruza como antes. Comprar agua en la selva no es un hábito moderno: es el reemplazo de un río por un tanque. El título comunal y las concesiones sobre el mismo suelo muestran dos derechos escritos que no caben juntos. Cuando la comunidad detuvo una excavadora, el Estado la devolvió; el hábeas corpus de la minera contra la presidenta fue desestimado, y el caso sigue en Fiscalía de Derechos Humanos. El Reinfo, aplazado una y otra vez, convierte el trámite en un escudo. Lo que se ve desde arriba como más agua es, abajo, una economía que desplazó al río sin borrarlo del mapa.

POR QUÉ NOS IMPORTA

La investigación no agrega otra denuncia genérica sobre el oro amazónico: mide cómo la minería fabrica agua que el satélite cuenta y que las comunidades no pueden usar. En Arazaire esa cifra se vuelve un bidón semanal.

FUENTES DE CONTRASTE

Hechos comprobados: el análisis satelital documenta el salto de agua artificial en microcuencas con minería; Fenamad confirma la compra de agua en dos tercios de las comunidades agrupadas; existen concesiones superpuestas al territorio de Arazaire.

Pendiente / en discusión: la ilegalidad de cada operación puntual, el desenlace de la denuncia por la excavadora y la toxicidad específica del agua que hoy se compra. El satélite no mide mercurio en el bidón.

Interpretación de La Intemperie: contar más agua no es lo mismo que tener un río.

Título original: Perú: en la cuenca del Madre de Dios, la minería dejó pueblos indígenas rodeados de agua que no pueden beber
Fuente: Mongabay Latam – Publicado el 17-09-2026