Saltar al contenido

Imagen: La maquinaria de la minería opera en el río Kaka destruyendo el cauce del afluente. Foto: Javier Mamani

17 SEPT 2026

MINERÍA / AGUA - Tomachi, Teoponte, La Paz, Bolivia

El río que dejó de ser orilla

En la cuenca del Beni, las microcuencas con minería ilegal ganaron 21,5 % de superficie de agua entre 2000 y 2024, mientras las que no tienen minería perdieron 17,2 %. En Tomachi, pueblo leco junto al río Kaka, esa agua nueva son pozas; la comunidad intenta proteger los arroyos que todavía bebe.

LO QUE OCURRIÓ

El 17 de septiembre, Mongabay Latam publicó el capítulo boliviano de Aguas Partidas. En la cuenca del Beni se analizaron 164 microcuencas. Las 52 con minería ilegal registrada ganaron 21,5 % de superficie de agua entre 2000 y 2024; las 73 sin minería perdieron 17,2 %. Esa ganancia no se explica por la lluvia: las microcuencas mineras que «ganan» agua son las que menos llueve. En todo el Beni se perdieron casi 14.000 hectáreas de agua natural y aparecieron unas 3.000 de pozas. La microcuenca de Tomachi —tramos del Kaka y el Alto Beni— es la más afectada: el agua natural pasó de 1.945 a 992 hectáreas y surgieron 1.454 hectáreas de pozas entre 2000 y 2023. Mongabay recorrió 17 kilómetros entre Teoponte y Tomachi y observó dragas, excavadoras y pozas. La AJAM denunció minería ilegal en 2024, fue atacada en un operativo de 2025 y, en marzo de 2026, decomisó maquinaria aguas abajo, en Mayaya. Pobladores relatan que el cauce se ensanchó de unos 200 metros a 500-700; esa cifra es testimonio, no un peritaje. La minería local bajó desde el pico de 2021, según MapBiomas y los propios leco; el daño del cauce permanece. La comunidad cuida dos arroyos y busca declararlas reserva municipal.

DESDE LA INTEMPERIE

Un río puede ensancharse y, al mismo tiempo, dejar de ser habitable. El Kaka no desapareció: se llenó de piedra, lodo y pozas que el satélite lee como agua. Para el pueblo leco de Tomachi, esa lectura es una trampa. El agua que cuenta el mapa no es el agua que se toma, ni la playa donde se pescaba, ni la vía que llevaba visitantes a las cascadas. La minería legal e ilegal compartieron el lecho; las cooperativas, dicen los locales, operan con capitales extranjeros bajo figuras que la ley cooperativa no admite con claridad. Los operativos llegan y las barcazas vuelven. Por eso la disputa se desplazó hacia los arroyos que todavía corren limpios. Declararlos reserva no repara el Kaka; intenta impedir que la última agua potable copie el destino del cauce grande. Cuando el oro se agota, queda el sedimento. La pregunta ya no es sólo quién extrae, sino qué cuerpo de agua queda para vivir cuando la extracción se va.

POR QUÉ NOS IMPORTA

El caso muestra un daño que sobrevive a la fiebre: el río ya no sostiene la vida cotidiana y la comunidad se repliega sobre los arroyos. Lo específico es esa retirada documentada, satelital y testimonial, hacia el agua que todavía no fue convertida en poza.

FUENTES DE CONTRASTE

Hechos comprobados: el análisis de microcuencas documenta ganancia de agua artificial donde hay minería ilegal y pérdida donde no la hay; Tomachi es la microcuenca más afectada del Beni en ese recorte; la AJAM reportó denuncias y operativos con resultados parciales.

Pendiente / en discusión: el ensanchamiento exacto del cauce, la composición societaria de cada cooperativa, la presencia actual de mercurio en el tramo y el trámite de la reserva municipal de arroyos.

Interpretación de La Intemperie: cuando el río grande ya no se puede beber, la política del agua se juega en los arroyos que quedan.

Título original: Bolivia: las playas muertas y el agua contaminada del río Kaka que dejó la minería de oro en territorio indígena leco
Fuente: Mongabay Latam – Publicado el 17-09-2026